DREAM: no solo tratamiento sino cultura de la convivencia

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Bajo una paillote unas treinta personas se reúnen para hablar y escuchar.  Algunas son cristianas, la mayoría son musulmanas. Se conocen desde hace varios años y son amigas. Casi todas son mujeres. Algunas de ellas, una vez al mes van a una cárcel de la periferia donde están amontonados en una sola habitación unos cien hombres; cuando logran recoger ropa o alimentos, les llevan algo, pero muchas veces van con las manos vacías, a hacer una visita de amistad, para saludarles, para anotar números de teléfono de parientes lejanos o parientes que no saben que están allí, para recomponer lazos rotos. Otras visitan regularmente a un grupo de niños de un pequeño orfanato, también en la periferia.  Alberga a unos treinta niños, y algunos de ellos están enfermos de sida.

No son ricas, al contrario. Algunas tienen historias complicadas a causa de la pobreza pero sobre todo de la enfermedad que allí es un motivo más de marginación y estigmatización de las mujeres. Pero no aparentan estar enfermas ni tristes. Mario Giro, subsecretario de Asuntos Exteriores de Italia y miembro desde hace años de la Comunidad de Sant’Egidio, que está de visita oficial a Guinea, fue a visitarlas y a conocerlas, al centro DREAM de Conakry.

2016-01-27_145631Empezaron a hablar de su vida y de su experiencia pero luego empezaron a hablar de los grandes temas de la convivencia entre etnias y religiones distintas. Temas elevados pero que afectan a la vida de cada uno. Las voces de las guerras, de las migraciones y de los atentados llegan hasta los barrios de la capital, donde cristianos y musulmanes han vivido siempre uno junto a otro. Hace pocos días otro “país hermano” ha sufrido un atentado que ha provocado 30 muertos, perpetrado por tres jóvenes de apenas veinte años. “Si quieres ir a Europa, ya no lo puedes hacer si te llamas Ousmane o Fatoumata. Tienes que cambiarte el nombre… allí no quieren a los musulmanes”. Hablan de un sutil malestar, como si el viento de la violencia llegara, apagado, también a este país, que tiene una tradición de convivencia, no siempre fácil, pero arraigada. Y la pregunta que surge es de las fundamentales: ¿qué es lo que divide?  Dios es uno, para todos. Entran casi en un terreno teológico y en qué es lo que distingue a las grandes religiones monoteístas.

Bajo la paillote del centro DREAM se subsiguen historias, deseos y sentimientos.

Hay un gran deseo de entender, una escucha atenta, pero también el testimonio de una amistad que puede ir más allá de la desconfianza, más allá de la diversidad.  Y eso ya es una realidad compartida, en el día a día del tratamiento de los enfermos, cristianos, animistas, musulmanes, peul, soussou o kissi, mujeres solas –también las que van totalmente cubiertas con un velo negro que les deja a la vista solo los ojos–, huérfanos y adolescentes que desean un futuro “normal” aunque estén enfermos.

Comparten la ternura y la felicidad que vivieron en la comida de Navidad, que prepararon juntos, ante el niño que abre los ojos al ver que le regalan su primer par de zapatos o ante el gracias del prisionero que este año finalmente ha comido carne.

2016-01-27_131627La experiencia de la propia debilidad acogida y curada, sentida en el momento de descubrir que uno está enfermo, o en el momento en el que a causa de la enfermedad se quedan solas; un lugar como el centro DREAM de la Comunidad de Sant’Egidio que se convierte en la casa de todos; la conciencia de que todavía queda vida y de que la vida es útil no solo para uno mismo sino para los demás; la conciencia de no estar solo… todo eso continúa uniendo a gente con historias personales, cultura, religión y etnias diferentes.

Es un camino que a muchos les parece demasiado simple, el camino de la amistad, del respeto de la religión distinta, de la igualdad y de los derechos (a la salud, a la cultura, a la dignidad), pero es el camino que todos pueden seguir, independientemente del grado de educación o de la situación económica. Es el diálogo, que muestra curiosidad y respeto por el otro, que se puede hacer cada día, por la calle y en los barrios. Preservar la paz y la convivencia es lo que las mujeres de DREAM pueden y quieren hacer, por una Guinea pacífica, que encuentra en la cohesión la clave de un futuro posible y en las mujeres una fuerza insospechada.