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Malawi: Desde julio el centro DREAM de Mthengo wa Ntenga (Lilongwe) tiene una nueva sede

El centro DREAM de Mthengo wa Ntenga, abierto hace apenas un año, se encuentra en la periferia de Lilongwe, la capital de Malawi, en una zona que, a pesar de estar cerca de la ciudad, es típicamente rural.
Desde el mes de julio, se ha trasladado a un nuevo edificio construido a pocos metros de su primera sede, el hospital local.

La nueva estructura ha sido ideada y realizada para atender mejor a los pacientes (por ahora unos 700) provenientes de una amplia zona caracterizada por la presencia de numerosos pequeños pueblos, muy pobres y sin centros sanitarios.

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La prevención vertical en los centros DREAM de Malawi

El protocolo DREAM de prevención de la transmisión del virus VIH de la madre al hijo ha sido oficialmente aprobado por el Comité Nacional de investigación sanitaria de Malawi. Nuestra prevención denominada “vertical” entra así a formar parte, como investigación operativa, de los programas sanitarios oficiales del país.

Hasta hoy el único protocolo terapéutico activo en Malawi para la prevención vertical era el de la administración a la madre de un antirretroviral, la Nevirapina (NVP), en el momento del parto. Posteriormente (en las 72 horas posteriores al parto) se administraba el fármaco también al bebé. Se trata de un protocolo que, si se aplica correctamente, puede reducir en un 50% la transmisión del virus al bebé.

Pero la experiencia de DREAM en Mozambique ha demostrado en estos años una eficacia muy superior, del 95%, porque nuestros protocolos de tratamiento prevén la administración de la terapia triple (Zidovudina, Lamivudina y Nevirapina) a la madre a partir de la semana 25 de embarazo, independientemente del valor de las CD4, y la continuación de la profilaxis hasta el sexto mes de edad del niño. La administración de la terapia triple a la gestante permite reducir rápida y significativamente la cantidad de virus en la sangre, evitando que se transmita al niño a través de la placenta (7% de los casos de infección), las secreciones en el momento del parto (53% de las infecciones) y la lactancia materna (40% de las infecciones). Si se realiza la profilaxis con atención, la administración de NVP en el parto ya no es necesaria, y la mujer puede dar a luz donde quiera o pueda (aunque siempre es aconsejable hacerlo en un centro sanitario), con una seguridad casi total de que no transmitirá el virus al bebé, ni siquiera en la lactancia.

De ahí el interés de las autoridades sanitarias malawianas. Malawi necesita una intervención capaz de dar respuesta a la necesidad de miles de pueblos alejados de los centros sanitarios existentes. Hasta el momento sólo se ha hecho caso parcialmente de la que podría ser la estrategia más eficaz de reducción de la transmisión del virus, pues sólo el 5% de las mujeres que viven en las zonas rurales del país, donde se concentra la mayor parte de la población, da a luz en centros sanitarios, con una asistencia médica o paramédica. En este contexto incluso la simple administración de NVP a la madre en el momento del parto se convierte en tarea difícil, y de hecho la mayor parte de los centros sanitarios no pueden realizarla.

La aprobación del protocolo DREAM, pues, no es sólo un simple acto burocrático. Es más bien el camino para un ambicioso y capilar plan de prevención vertical que quiere llegar en el menor tiempo posible a toda la población del país, y salvar así la vida de la próxima generación de Malawi.

 
DREAM se ha puesto en contacto con cuatro centros sanitarios equipados con el “antinatal care”, es decir, el servicio de atención prenatal, en el área de Blantyre para empezar la prevención vertical: Bangwe, South Lunzu, Chilomoni y Machinjiri. En el área de Lilongwe, en cambio, el programa que se dirigirá a las m

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Blantyre: Una semana de formación para los activistas y las activistas de Malawi

Tras la conclusión del VIII Curso de Formación DREAM se ha llevado a cabo en Blantyre durante una semana, del 24 al 28 de julio, el I Curso de Formación de activistas de Malawi.

25 activistas, hombres y mujeres, provenientes de Blantyre y de Lilongwe, donde trabajan en los locales de los centros DREAM, han seguido con atención las lecciones de educación sanitaria, de educación nutricional y de asesoramiento coordinadas por algunos profesores de roma, así como por Ana Maria y Cacilda, dos de las activistas más expertas de Mozambique, que asistieron precisamente para guiar y acompañar la formación de sus «colegas» malawianos.

La figura del activista es cada vez más importante en el programa DREAM. Se trata de hombres y mujeres -seropositivos o no- que han recibido una vida nueva, y que se comprometen a acoger a los que llegan por primera vez a los centros, se encargan de la asistencia a domicilio en los barrios de las ciudades en las que estamos presentes, llevan a cabo una verdadera función de información y de sensibilización en los pueblos de los alrededores y se ponen al servicio de aquel movimiento de esperanza y de renacimiento que es DREAM. Son africanos que hablan a otros africanos, enfermos que hablan a otros enfermos, y ése es uno de los secretos más importantes del éxito y de la difusión de DREAM. Además, al ser la mayoría mujeres, las activistas juegan un papel revolucionario, pues llevan a cabo el rescato de una figura tradicionalmente subordinada como es la mujer africana.

Este sentido de una dignidad recuperada, para hombres y mujeres que estaban marcados por la debilidad y la exclusión, es muy fuerte en nuestros activistas y se convierte en una idea arraigada y madura, en un deseo de saber y de entender. Ésta ha sido la imagen de este curso de Blantyre, de la sed de formación y de conocimiento que ha iluminado las caras de todos, de la concentración y de la seriedad con la que han seguido el curso, si han puesto preguntas y han encontrado las respuestas. Pero la dignidad recuperada y la conciencia de su resurrección personal explican también la alegría y la serenidad que han caracterizado el clima en el que se han llevado a cabo las lecciones, en el que se ha trabajado. Es la alegría del que sabe que es libre (libre del miedo, de un fin acuciante, del estigma, de una vida que parece no tener valor) y puede liberar a muchos otros.

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Malawi: Las primeras pruebas en los pueblos

Cuando llegamos al pueblo de Mpothe, a unos 20 minutos del hospital de Mthengo wa Ntenga, encontramos en seguida caras conocidas. El jefe del pueblo es James y nos recibe. Ya somos una presencia familiar. Ya ha habido otros encuentros, pero hoy es una ocasión especial. Hoy, por primera vez, hemos ido al pueblo para hacer las pruebas. En Malawi, como en muchos otros países del África subsahariana, el 80% de los habitantes vive fuera de las ciudades, en pequeños pueblos en los que a menudo cuesta encontrar los principales centros habitados. La población de los pueblos tiene muchas dificultades para acceder a los servicios sanitarios que suelen estar concentrados en los grandes centros. No es fácil desplazarse y es caro, a menudo demasiado caro para los pocos recursos de los que disponen los campesinos de Malawi. Algunos de nuestros pacientes caminan hasta tres horas para llegar al hospital. En tales condiciones a veces renuncian a seguir el tratamiento y sólo lo hacen si el estado de la enfermedad es tan grave que no les deja otra opción: con demasiada frecuencia es demasiado tarde para que el tratamiento, sobre todo en el caso del sida, pueda tener un efecto positivo. Por eso decidimos ir a encontrar a estas personas, y elegimos Mpothe como primer destino.
Nos espera un nutrido grupo de personas, sobre todo mujeres, de todas las edades, ansiosas por hacer la prueba del VIH, ansiosas por saber si están infectadas. Antes de todo, las activistas registran a todo el mundo y con la ayuda de una enfermera y de un counsellor llevan a cabo las pruebas y realizan una entrevista para dar los resultados. Todo se hace en una misma construcción de ladrillos del pueblo, la misma que hace las veces de iglesia. La atmósfera es tranquila, todo se hace ágil y ordenadamente. Cincuenta y una pruebas en una mañana y cinco seropositivos que podrán acceder a partir de mañana a nuestro centro para recibir el tratamiento. La promesa del tratamiento ha hecho que todo sea más sencillo y más sereno. Saber que uno es seropositivo no es una condena, sino el primer paso para obtener el tratamiento y derrotar a la enfermedad. Al final los habitantes del pueblo, para demostrarnos su agradecimiento, nos regalan avellanas recién tostadas y fruta. Nos citamos para dentro de dos semanas con otras 25 personas: sólo una dará positivo en la prueba de infección de VIH.

Nos vamos citándonos de nuevo con la sensación de haber hecho otro paso hacia un acceso más extendido del tratamiento, y hacia una conciencia más extendida de que hay una respuesta al sida.

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Una historia de Malawi: La resurrección de Edward

Edward vuelve despacio, con el corazón lleno de desesperación, hacia su habitación en la zona 25 de la periferia de Lilongwe, la capital de Malawi.
Calles de tierra y polvo, hileras de casas bajas, de barro o de ladrillos de terracota, la pobreza de siempre. Pero también hay mucha gente, se ve el latido de la vida, hombres y mujeres que caminan, que hablan, que ríen.
Sin embargo, Edward no participa en esa vida que pasa a su lado. Está enfermo. Tiene el sida.
Es un hombre sin ninguna esperanza. No tiene trabajo, él que en su juventud había tenido la suerte de poder estudiar y había terminado los estudios secundarios, él que había conseguido un buen trabajo como mecánico. En África, cuando uno está enfermo, es normal que pierda su trabajo, y por consiguiente, también los amigos y su posición social. Efectivamente, Edward ya no tiene amigos. Los que había tenido, asustados por su situación, no quieren ni siquiera verle, tienen miedo. Los mejores entre sus amigos sienten una cierta compasión.
Por eso Edward vuelve a casa. Es un buen lugar para morir. Por otra parte ¿adónde podría ir? No tiene mucho por hacer. ¿Cómo va a encontrar trabajo en la situación en la que se encuentra? ¿Cómo podrá sobrevivir? El virus ha progresado de manera terrible en su cuerpo, debilitándolo mucho y dejándolo prácticamente ciego a sus 30 años. Dentro de poco ya no verá nada y no podrá ni siquiera caminar solo.
 
Edward descubrió que tenía sida en abril de 2005. A menudo se encontraba mal y le recomendaron que se hiciera análisis de sangre. Y las pruebas dieron positivo. Edward se había infectado con el virus VIH y su sistema inmunitario estaba gravemente afectado.
Una noticia terrible. Pero Edward no se rindió y luchó. Al saber el resultado de los análisis intentó seguir el tratamiento aprovechando el servicio sanitario que ofrecía el gobierno y con gran confianza empezó a tomar regularmente las medicinas. Pero su situación no mejoraba… más bien empeoraba día a día. Así pues, ¿qué más podía hacer sino volver a casa para esperar a la muerte?

Pero la historia de Edward no está destinada a cruzarse con la muerte. Por uno de aquellos milagros que suceden incluso en África, su historia se cruza con un sueño de esperanza, de curación y de vida.
Mientras Edward está todo el día echado en una estera, sin esperar nada ni a nadie, de repente sucede algo. Va a verle Joseph, un pariente lejano, que ha sabido que tiene la enfermedad y que el año anterior participó en el curso de formación para técnicos de laboratorio del Programa DREAM, en Maputo, en Mozambique.
Joseph, justo después de haber asistido a aquel curso de formación, empezó a trabajar en el laboratorio de biología molecular del hospital de Mthengo wa Ntenga, en la periferia de Lilongwe. Aquel laboratorio es el primero que abrió DREAM en Malawi, y es el único del país en el que los enfermos no pagan para hacer los sofisticados análisis necesarios para controlar y tratar el sida. Joseph ha conocido a mucha gente, a muchos enfermos: ha visto que, gracias a la terapia antirretroviral, muchos pacientes han recuperado sus fuerzas y su esperaza, ha visto que el sida no es una condena a muerte, sino una enfermedad que se puede tratar y se puede mantener bajo control.
Así pues, Joseph, que se ha sorprendido al ver la situación de Edward (casi no lo reconocía), le da el consejo adecuado, el de ir al centro DREAM de Mthengo wa Ntenga. Allí le podrán dar el tratamiento del mismo modo que se hace en Europa o los Estados Unidos, y además, gratuitamente. Edward, al igual que los otros enfermos, que no pueden trabajar, también recibirá ayuda alimentaria.

Edward se deja convencer por el apasionado discurso de Joseph, por la perspectiva de recibir el tratamiento y de recuperar la dignidad y decide afrontar el esfuerzo de llegar al centro DREAM.
No es fácil, ya que hay que recorrer un largo trecho a pie y luego se debe tomar un minibús. Son unos 1600 kwacha para ir y volver, más de un dólar. Además, Edward no puede afrontar el viaje solo porque está casi paralizado. Harán falta al menos una o dos personas de buena voluntad que se comprometan a acompañarlo.
Pero la perspectiva de recuperar la esperanza vale todo eso. Edward no se quiere abandonar ahora que tiene un sueño de tratamiento y de vida.

Edward llega a nuestro centro el 31 de octubre de 2005, es ayudado a acomodarse en la sala de espera y luego es visitado. El médico le hace una extracción de sangre para poder reanudar la terapia y prescribe el tratamiento para las numerosas infecciones oportunistas que sufre el paciente.
Edward, en efecto, tiene una terrible tos causada por la tuberculosis, lesiones cutáneas en el cuerpo y en la cabeza, una herida en la axila derecha, que se le ha infectado y a la que se deberá realizar un corte para drenar el pus, dolores musculares que le impiden caminar solo y un estado de debilidad generalizada. Aunque mide más de un metro setenta, en los últimos meses ha adelgazado tanto que no llega a los 50 quilos de peso. Por eso recibe el suplemento alimentario para los días siguientes hasta la próxima visita.
En una primera fase Edward vendrá al centro cada dos semanas, pues hay que hacerle un control médico muy intenso.
Al cabo de un par de meses empieza a encontrarse mejor. En su barrio casi nadie cree lo que ve: vuelve a caminar y a ver. En febrero viene solo a las visitas, ya no necesita que nadie lo acompañe.

Hoy Edward es otra persona.
A mediados de marzo llegó al centro DREAM orgulloso por haber convencido a su esposa de que se hiciera también ella las pruebas y entrara en nuestro programa de asistencia. Recuerda con nosotros su historia y nos da las gracias por la terapia que le ha permitido recuperar la salud. Hoy ve su futuro con más esperanza y menos soledad, ha encontrado a alguien que le ayuda a luchar en su batalla por la salud.
Conversamos largamente también con su esposa. Nos explica que hasta hace pocos meses no pensaba que su marido pudiera salir adelante. Es más, temía enormemente por sí misma. Él, cuando empezó a sentirse mal, intentó en varias ocasiones convencerla para que se hiciera las pruebas, pero ella no había querido. Tenía miedo, temía recibir la confirmación de que la desesperada situación de su marido pudiera ser también la de ella. Pero cuando empezó a ver que su marido recuperaba fuerzas día a día, el miedo empezó a desaparecer y dejó espacio a la convicción de que es importante conocer y afrontar el resultado de las pruebas, y más aún si se puede tener la certeza, en el centro DREAM, de que se va a recibir un seguimiento y una compañía con premura hoy y en el futuro.
La esposa de Edward hizo la primera extracción de sangre y volvió a casa con su marido. Les vemos alejarse del hospital paseando por las calles del pequeño mercado situado en el exterior del centro. Todavía están enfermos, pero su paso es el paso de alguien que ha recuperado la esperanza, de alguien que ha vuelto a soñar. Caminan juntos, tranquilos, hacia un futuro que se presenta más largo de lo que habían pensado hace sólo algunos meses.

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